14 de febrero de 2010

Creo que con una canción
la tristeza es más hermosa.
Creo que con una palabra
puedo decir mil cosas.
Pero no creo en el circo
de la información.
Toda decanta en tu amor
y en mi dolor.

Creo que es mejor morir de pie
que vivir de rodillas.
Creo que el viento me alcanzó
el olor de tu mejilla.
Creo en mi guitarra, creo en el
sol (si me cura las heridas),
Creo en tu voz.

Creo en la vida, en la noche,
en tu alma y no creo
en todo lo demás.
Creo en tu estrella,
en aquella que busco
en mi sueño mejor
para poder luchar.

Creo en esas tarde que viví
jugando a la pelota.
Creo que educar
es combatir
y el silencio
no es mi idioma.
Creo en tu sonrisa,
creo en mí si te veo hoy
y me pedís que no
me rinda,
sigo por vos.

Creo en la lluvia cuando cambia
el olor de mi tierra.
Creo en el mar
cuando amanece
abrazándose a las
piedras.
Creo en los jazmines
que un Dios me bajó
esa vez, para poder
conocerte como mujer.

memorias de un suicidio

La tv prendida en un canal sin trasmisión. El despertador sonando y marcando las 8 de la mañana. Marcando el comienzo de otro día monótono, como cualquier otro. Me levanto y voy al baño. Me miro al espejo y veo a un desconocido, alguien que no es feliz desde hace mucho tiempo, un ente. Alguien a quien la noche le cambio el rostro. El traje de siempre. El desayuno de todos los días. “Embotellamiento en la 9 de julio”, me recuerda Mactas de fondo, como de costumbre. Me subo el auto y arranco. Llego a la oficina media hora después. Papeles en el escritorio y una taza de café de ayer que me olvidé de sacar. Abro la cuenta de e-mail. Son 169 de los cuales 150 son basura. Porque habré elegido este trabajo tan tedioso me pregunto. A fin de cuentas uno elige como afrontar su propia vida, si apostar a una vida llena de responsabilidades o ser parte de la masa que pasa toda su vida escondida por miedo a fracasar que termina trabajando ocho horas diarias encerrada en un cubículo de cuatro plásticos que no merecen ser llamados paredes, donde lo único que hace es escribir en la computadora números que ni siquiera sabe de que son. Y así es como uno llega a atentar contra su propia vida. Como tantas veces pensé en lo que va de la mía. Sin nadie a quien amar, nadie con quien hablar, nada emocionante que hacer…
Se hizo de noche. Llego a mi casa y pongo a calentar la pava para hacer una sopa de sobrecito, esas viscosas con sabor a espárragos que la gente toma cuando no tiene hambre que no es mi caso. La tomo únicamente porque es lo único no vencido en mi alacena. Prendo la tv en el canal de las noticias. Robos, muertes, asesinatos, violaciones, tiroteos, lo de todos los días. Voy al baño y saco el frasco de pastillas para dormir. “El consumo diario y desmedido es perjudicial para la salud provocando incluso, la muerte”. Me tomo cinco. Prendo el equipo de música y pongo “la grasa de las capitales” de serú giran. Empiezo a dormitar al son de “Viernes 3 A.M”. “y llevas el caño a tu sien, apretando bien las muelas. Y cierras los ojos y ves todo mar en primavera bang, bang, bang hojas muertas que caen, siempre igual, los que no pueden mas, se van”.....